"Es más fácil pedir perdón que pedir permiso", dice el hombre. Está parado junto al dique La Angostura, y entre las manos sostiene una vieja caña de pesca. Animado, recibe a LA GACETA y aleja, por unos minutos, la mirada del horizonte donde se hunde la pequeña boya. "Acabo de escaparme de mi mujer", añade, desatanto las risas de quienes lo rodean. El espejo de agua se convirtió esta mañana en un imán para los lugareños y foráneos, que disfrutan del fin de semana largo en Tafí del Valle. La mayoría de los pescadores se ubicó a la vera del dique; los menos, soltaron las tanzas desde sus lanchas. LA GACETA ©